miércoles, 23 de mayo de 2012

Erómeno



Estoy seguro, casi seguro que me llamo Erómeno.
Camino en silencio con la coraza abierta
sobre mi sombra bajo la luz
persiguiéndome como un reloj perpetuo
hasta que llega la noche vestida de barros y celaje,
y me habla
y me dice cosas
y me tapa la boca
con un falo lascivo descendiente del árbol.
Choco con ello,
bajo el sierre,
al segundo palpitan corazones,
a la par de pétalos
dos basiliscos se besan.
al momento en que ya no resisto nada
-        como siempre –
y de pronto me voy
y me voy al vacío
entre las sabanas grisáceas
y tengo ganas de esconder todo este poema
con todos estos versos 
como una persiana hacia arriba.

Me quedo yo,
el Erómeno junto al Erastes
pareciendo dos pupas
que eran dos idiófonos.
respirando el sudor carnal
para nieblar el cuarto
con mis colmillos
bajo la almohada.
Me despierta la Gea,
cubierta mi ombligo
pega apósitos en cruz,
y no vomito más
y ya no soy el Erómeno
que parecía llamarme.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Preliminarmente de ti

Preliminarmente de ti,
tus ojos ya me habían brillado,
me habían brillado en el camino,
en las veredas pedregosas;
sin conocer el rumbo.

Mirando hacia la costa
la silueta  de un jamelgo blanquecino
reflejaba a Kuyen en su creciente
y guiaba mi camino hacia ellos. 
Los aviste,
centelleando
una y otra vez,
como disparos de camanchaca
que caen sinuosos entre las valdivias.
Me tendía,
un farol daba luz al navío
y recitaba,
recitaba ante una piedra en alto  
reverencias a tu arribo.

Preliminarmente de ti,
el humo flagelaba conmigo
se hacía enredadera sobre mis huellas,  
porque las personas no se buscan,
se encuentran.
Anillaba domingos y los dejaba
en una torre, extraño lugar,
desde donde  mecía girar remolinos
en el agua de la batea.

Ansiaba momentos,
¿qué habrán sido?
¿plenitud?,
el deseo proyectado hacia adelante,
la Nostalgia hacia atrás.
Pastaba el cemento,
comía de la hierba seca,
suspiraba olores que me recordaban
a nada y a todo.
Amanecía nupcial,   
el velo solar transitaba por las murallas y los hogares,
todos volteando a su vista.
Se aparecía un canto, una voz, de otra latitud,
que cosechaba oleaje de ríos encima de tu lengua.
Y  tu presencia se me apaisó,
como el flamenco
estancado en su salar. 

martes, 22 de noviembre de 2011

En la esquina

En la esquina dominical
Nauseabundan  bebedores.
Pasa un joven circunspecto.
Traje impecable. Militar instrucción.
Sus zapatos
de negro diamante,
pisan el escupitajo
de cual viejo siervo
desdeñado.
Se persigna una Mujer.

También pasa la tarde
y pasan los remolinos de tierra
escoltando a pichangueros
que con sus calcetas amarillentas
tiñen los eriazos de vida.

Los bebedores son como una fuente,
sin agua, sin líquido, sedientos;
de los deseos previos,
aquellos que piden antes
de pasar por ahí,
pudiendo cumplirse
cuando ya pasaste.

Se enmarca la esquina,
las veredas, las cunetas.
Verano impetuoso.
Niños y grifos salen
a encontrarse,
lástima que dañan a la calle,
nunca la había visto tan triste.
Todo aparece
dentro de un cuadro
con movimientos sinuosos.  
Ese cuadro
que no tiene sitio,
por  casas comunes
y corrientes,
porque donde viven todos
no vive nadie. 

lunes, 21 de noviembre de 2011

Frágil

Al niño lo reciben
con cantos arpados
en el cielo.
Su cuerpo,
es el alimento
afrodisiaco
de los dioses.

Bajo el vapor
de las aguas,
vendavales
van arrojando
hombres
desde los navíos,
tomando la cruz
como una proa.
El corazón
se estaca
y un río de sangre
derrama penas.
Un océano.
Ahí,
donde el espumaje
del mar
se mece como cuna,
abriéndose  las gaviotas
como un móvil
que pende del sol
Boca Arriba.
El niño muerto.

Sobre la tumba,
remolinos de papel
giran rededor,
orando con el viento.
Se despierta el niño,
y su cuerpo,
bajo una alfombra verde,
guarnece en polvos
de hombres. 
Y la cruz,
se convierte
en la victoria
de los dioses .

Alguien abre una puerta,
chilla la puerta,
el niño:
“Hay un vaso de
          hielo
Frente a un espejo
          roto”. 

jueves, 11 de agosto de 2011

La Osa

Quisiera haber plantado el manantial
Más profundo en las entrañas de la osa,
así y todo, solitaria, temiéndole al mundo, me parió.
Me contuvo en sus brazos, oyo mi gritos,
y yo los suyos, fui como la última pieza
que vislumbro el cuadro de su vida.
Aquí estoy. La mire, oyo mis ojos, miro mi tacto,
Los sentidos se mezclaron. Fuimos el uno para el uno.
No había un José, no habían reyes magos, no había el ganado;
apenas el pesebre y una enana blanca sobre el catre.

Pasamos ocho años en cautiverio,
Cuidados por el hombre, sabio el hombre, con su harem de osas
Y su concupiscente deseo por comer carnes de osa.
Pero la carne ya no saciaba, la osa debió partir hacia la pesca,
Mientras, en el techo encielado, yo dibujaba con pensamientos
la imagen de una familia con forma de ciudad en siluetas.
Temía vivir en una casa tejida con arena del desierto.  
Eranse muchos castillos que construir, varios dibujos,
un cementerio de hormigas que enterrar. Las horas pasaban
y llegaba la osa, el hombre, todos sentados en la mesa,
como un acto cívico de lunes a viernes;
puesto que fines de semana, navidades, feriados y festividades,
el hombre iba en busca de su verdad,
quedándonos nosotros, con la mentira en su silla.

Maldito el hombre, maldito su apetito,
que luego de meriendas,
Comía pedazos de mi osa, taciturna
Media moribunda, extraña, estrecha, exhausta,
Pobre de mí osa, podía dormirme con ella.
Con mi osa. 

miércoles, 3 de agosto de 2011

De silencios

Necesito el silencio temido,
que todo lo expanda,
que todo lo destruya.
Vivo en un carrusel diezmado por aquellos, 
que quieren seguir jugando.
Actuó en soliloquios bipartitos, de luces y sombras.
No pertenezco a las cuevas agasajadas de incertidumbres.
Entremezclo el ruidoso alimento por el cual se dejan sonrisas
Vario según las palabras que quieran oírse al medio de vacios;
Me lance hace unos días, todavía no caigo, estoy nadando hacia lo bajo.

Me embarcaría hacia la sinergia, hacia el paraíso bendito,
donde sean migajas, las que puedan borrar mi hendidura.
es que me estoy quedando, ante las nimiedades,
las bancos, los cubos de hielo, la mirada absoluta,
;toda esa nostalgia como una búsqueda permanente
Para desterrar vivos sentimientos perdidos.

Padezco el sentir apretado,
que bastarían comas en suspenso,
para esperar un navío en los cielos.