Estoy
seguro, casi seguro que me llamo Erómeno.
Camino
en silencio con la coraza abierta
sobre
mi sombra bajo la luz
persiguiéndome
como un reloj perpetuo
hasta
que llega la noche vestida de barros y celaje,
y
me habla
y
me dice cosas
y
me tapa la boca
con
un falo lascivo descendiente del árbol.
Choco
con ello,
bajo
el sierre,
al
segundo palpitan corazones,
a
la par de pétalos
dos
basiliscos se besan.
al
momento en que ya no resisto nada
- como siempre –
y
de pronto me voy
y
me voy al vacío
entre
las sabanas grisáceas
y
tengo ganas de esconder todo este poema
con
todos estos versos
como
una persiana hacia arriba.
Me
quedo yo,
el
Erómeno junto al Erastes
pareciendo
dos pupas
que
eran dos idiófonos.
respirando
el sudor carnal
para
nieblar el cuarto
con
mis colmillos
bajo
la almohada.
Me
despierta la Gea,
cubierta
mi ombligo
pega
apósitos en cruz,
y
no vomito más
y
ya no soy el Erómeno
que
parecía llamarme.
Me gusta mucho este poema Y.Y
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